De todos los países del mundo, Israel es el más criticado. ¿A qué se debe el consenso de que a los enemigos de Israel todo está permitido pero a Israel mismo nada lo está?
De todos los países del mundo, Israel es el más criticado. ¿A qué se debe el consenso de que a los enemigos de Israel todo está permitido pero a Israel mismo nada lo está?
Pero duele también ver cómo tanta gente prefiere juzgar en lugar de pensar, repetir eslóganes en lugar de tratar de entender algo complejo, buscar argumentos en un solo sentido para someterse a sus prejuicios en lugar de resistirse a esa tentación tan humana. Consignas, calificativos. Gente pasada de rosca. Propaganda, pura propaganda, escrita con mayor o menor ingenio o talento, con más o menos información correcta, con más o menos dosis de mentiras, con más o menos cantidad de falacias.
Para interpretar el actual conflicto palestino israelí, retrocedamos en la Historia. Hace tres mil años el pueblo judío en Israel, cree en una religión monoteísta; los babilonios destruyen su Primer Templo y los romanos el segundo. Surge la primera diáspora judía. El cristianismo se consolida para los romanos en el siglo III y el Islam emerge como religión en el siglo VII. El cristianismo prospera en Europa. El Islam se concentra en el Medio Oriente. Por su parte, los judíos dispersos, fieles a su creencia originaria, fueron sometidos a un feroz odio mítico: el “enemigo imaginario”. Se construyeron sobre ellos falsedades y estigmatizaciones.
El planteo «unanimista» respecto a esa convocatoria apela al horror de la guerra, al espanto ante la muerte y sus cifras, al escalofrío que produce ver niños morir indefensos. Presume ser pacifista, pero toma partido por un único bando y al hacerlo, deja de ser pacifista y pasa a ser genuinamente bélica. Parecen llamados a favor de la paz pero son un recurso propagandístico para lograr adherentes a una causa y contra la otra.