Hasta hoy por la mañana, el sitio web de Fox Sports tenía un botón de «seleccione su país», con el cual se accedía a una lista desplegable de 23 países en Medio Oriente. Israel no estaba en la lista, aunque «Palestina» sí era una opción.
Hasta hoy por la mañana, el sitio web de Fox Sports tenía un botón de «seleccione su país», con el cual se accedía a una lista desplegable de 23 países en Medio Oriente. Israel no estaba en la lista, aunque «Palestina» sí era una opción.
En 66 años de existencia, amenazado siempre por la implacable hostilidad de enemigos cuyo objetivo final es eliminarlo del mapa de las naciones, el Estado de Israel y por extensión el pueblo judío en todo el mundo, nunca antes se vieron enfrentados a una explosión de odio como la que se vivió en nuestros días. Gobiernos, universidades, agencias noticiosas, TV, prensa, redes sociales, agitadores de varias especies, todos se abalanzaron gozosamente a denigrar y estigmatizar a Israel y por supuesto también a los judíos. La agresión de Hamas desde Gaza y la respuesta de Israel en defensa de su población civil desencadenaron todos los demonios del antisemitismo. Los más aberrantes mitos, las injurias más soeces, el vitriolo de siglos, volvieron a emerger de las cavernas más inmundas de la irracionalidad, mostrando en todo el mundo sin excepción su rostro infame.
Dos tipos de comentarios son usuales hoy en día cuando se habla del Estado Islámico. Los primeros se inclinan al azoro y lo describen con la estupefacción de quien detalla una experiencia onírica: avanzan y depredan sin freno, cuando no aniquilan a los pobladores los obligan a adoptar leyes y costumbres bárbaras, en cosa de días sumergirán a la región en llamas y etcéteras. La segunda clase de comentarios pretende un poco más de rigor al desplegar soluciones que van desde la comodidad de invocar a Naciones Unidas (como si no estuviera suficientemente asfixiada por el peso económico de procurar a cientos de miles de refugiados) hasta la ocurrencia magistral de formar de la noche a la mañana fuerzas militares multinacionales.
Vándalos lanzaron su odio contra los miembros de la más antigua congregación judía de Miami Beach, al garabatear una esvástica y las letras «Hamás» en dos columnas de la entrada de la sinagoga.