Las olas de judeofobia en Europa se han desatado. Los temporales azotan contra los mismos objetivos: cementerios judíos, sinagogas, colegios y personalidades destacadas de la comunidad. Las consignas son las de siempre: los judíos son la peste, los judíos son los culpables, los judíos son los dueños de las finanzas, los judíos secuestran niños para extraerle la sangre y practicar sus ritos inhumanos, los judíos son comunistas. Para los judeofóbicos, los judíos se equiparan a piojos o insectos parecidos, pero según las circunstancias los insignificantes piojos se transforman en monstruos gigantescos sedientos de sangre y decididos a aplastar a la pobre gente. La patología judeofóbica transita de un extremo a otro, sin alterarse. Lo notable es que una mayoría de imbéciles siguen creyendo estas consignas y las repiten como loros. Malditos judíos.
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