Quién es Ali Zaki Hage Jalil, el agente de Hezbolá extraditado por Venezuela y autor del peor atentado terrorista en la historia de Panamá

23/Abr/2026

Periodista Digital, España

 

 

La extradición a Panamá de Ali Zaki Hage Jalil, señalado como agente de Hezbolá, reabre uno de los capítulos más oscuros del terrorismo en América Latina: el atentado contra un avión en 1994 que dejó 21 muertos, entre ellos 12 judíos panameños y 3 israelíes. Tras décadas de impunidad, su captura y traslado marcan un avance clave en la búsqueda de justicia por el mayor ataque terrorista en la historia panameña.

 

Venezuela ha extraditado a Ali Zaki Hage Jalil, un libanés relacionado con Hezbolá, por su supuesta implicación en el atentado contra el vuelo 901 de Alas Chiricanas, que causó la muerte de 21 personas en 1994

 

El 19 de julio de 1994, un avión de Alas Chiricanas despegó del aeropuerto de Colón con 21 personas a bordo. Diez minutos después se estrelló cerca del cerro Santa Rita. Entre las víctimas había doce judíos panameños, tres ciudadanos estadounidenses y tres israelíes. La bomba estaba oculta en un maletín bajo el asiento 6. El terrorista que la activó adoptó la posición de un paracaidista antes de hacer detonar el artefacto y murió en el acto.

 

Era el atentado más devastador de la historia de Panamá. Y el hombre que lo orquestó vivió durante 31 años en la isla venezolana de Margarita, con pasaporte otorgado por el régimen chavista, haciendo negocios y durmiendo tranquilo.

 

Este lunes, Ali Zaki Hage Jalil llegó a Panamá procedente de Venezuela para ser interrogado en la Dirección de Investigación Judicial. La presión de Estados Unidos a través de Interpol forzó su captura en noviembre pasado. El Tribunal Supremo venezolano aprobó la extradición en marzo. Treinta y un años de impunidad han terminado.

 

El atentado

 

El vuelo 901 no fue un hecho aislado. Ocurrió el 19 de julio de 1994. Un día después, el 18 de julio, un camión bomba destruyó la sede de la AMIA en Buenos Aires y mató a 85 personas en el peor atentado terrorista de la historia de Argentina y el mayor ataque contra la comunidad judía desde la Segunda Guerra Mundial.

 

Dos atentados en dos países distintos en menos de 24 horas. Los mismos métodos. Los mismos objetivos: comunidades judías y ciudadanos occidentales. La inteligencia israelí confirmó en 2018 que Hezbolá fue responsable de ambos ataques con apoyo directo de Irán.

 

Hage Jalil nació en Colombia de padres libaneses y se convirtió en el nexo logístico del atentado panameño: proporcionó los explosivos y coordinó la operación. El terrorista suicida que activó la bomba, conocido como Lya Yamal, fue el ejecutor. Hage Jalil era la infraestructura.

 

La historia de Hezbolá en Hispanoamérica

 

Lo que ocurrió en Panamá y Buenos Aires en 1994 no fue el principio. Fue la culminación de una campaña que Hezbolá e Irán llevaban años construyendo en América Latina con una paciencia y una metodología que los servicios de inteligencia tardaron demasiado tiempo en comprender en su totalidad.

 

El 17 de marzo de 1992, un coche bomba destruyó la Embajada de Israel en Buenos Aires y mató a 29 personas. La justicia argentina responsabilizó a Hezbolá con apoyo iraní. Fue el primer gran atentado islamista en suelo latinoamericano y sirvió de ensayo para lo que vendría dos años después.

 

La infraestructura que hizo posibles estos ataques se construyó sobre dos pilares. El primero fue la diáspora libanesa, que tiene una presencia histórica y numerosa en Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela y varios países centroamericanos. Una comunidad en su inmensa mayoría pacífica y perfectamente integrada, que sin embargo proporcionó el camuflaje perfecto para que células operativas de Hezbolá se instalaran sin levantar sospechas.

 

El segundo pilar fue la llamada Triple Frontera, la zona donde confluyen Argentina, Brasil y Paraguay, que se convirtió en el centro financiero y logístico de Hezbolá en el continente. Desde allí se lavaba dinero a través de negocios de importación y exportación, se financiaban operaciones y se mantenían los contactos con Beirut y Teherán. Las agencias de inteligencia estadounidenses e israelíes estiman que decenas de millones de dólares fluyeron por ese corredor durante los años noventa y la primera década del siglo XXI.

 

Venezuela jugó un papel diferente pero igualmente crucial. Bajo Hugo Chávez primero y Nicolás Maduro después, el régimen bolivariano proporcionó pasaportes venezolanos a operativos de Hezbolá e Irán, facilitando su movilidad internacional. La isla de Margarita, donde Hage Jalil vivió durante tres décadas, era uno de los puntos neurálgicos de esas redes. Los negocios desde los que operaba formaban parte de un sistema de lavado de dinero que conectaba Venezuela con la Zona Libre de Colón en Panamá, uno de los mayores centros de comercio libre del mundo.

 

Las células identificadas por la inteligencia estadounidense e israelí no se limitan al Cono Sur. Están presentes en Trinidad y Tobago, República Dominicana, Brasil y varios países centroamericanos. La red es más extensa y más activa de lo que los gobiernos de la región han reconocido públicamente en la mayoría de los casos.

 

Lo que puede pasar ahora

 

Hage Jalil está siendo interrogado en Panamá esta semana. Si sus declaraciones proporcionan información relevante sobre la estructura actual de las células de Hezbolá en América Latina, el impacto puede ser significativo. Treinta años después de los atentados, muchos de los operativos de entonces siguen activos o han transmitido sus conocimientos y contactos a una nueva generación.

 

Panamá reabrió su investigación sobre el vuelo 901 en 2019 al encontrar nuevas pruebas. La extradición desde Venezuela no fue un gesto espontáneo de Maduro: fue el resultado de meses de presión estadounidense que incluye sanciones, amenazas y negociaciones que Washington no detalla públicamente pero que tienen un precio que Caracas está calculando.

 

Trump está presionando a Maduro para más entregas similares. EE.UU. tiene jurisdicción propia sobre el caso porque entre las 21 víctimas del vuelo 901 había ciudadanos estadounidenses, lo que abre la posibilidad de una segunda extradición a Washington una vez que Panamá complete su proceso.

 

Panamá ha reforzado la seguridad alrededor del Canal, un objetivo histórico para ataques terroristas y uno de los puntos más estratégicos del comercio mundial.

 

La impunidad de Hage Jalil duró 31 años. Las 21 personas que murieron en el vuelo 901 llevan ese mismo tiempo esperando que alguien respondiera por ellas.

 

La espera ha terminado.