Hace días que resuena ese nombre, nakba, en los medios, esa denominación, esa nebulosa inexplicada. Lo que aprecio desde una distancia leve de días es lo siguiente: no es una fecha que señale una tragedia. Es, por el contrario, una fecha en la que se renueva un compromiso, un pacto: la eliminación del Estado de Israel. La verdadera nakba fue fruto del ataque de países árabes al nuevo Estado de Israel y la consecuente usurpación y ocupación de los territorios previstos para la creación del futuro Estado palestino. Es, además, un acto de paralelismo nefasto en el que se conmemora el odio. Paralelismo porque pretende equipararse de alguna manera a la Shoá, disminuir su repercusión, quitarle entidad al culpar a Israel (a los judíos, en definitiva) de su propio Holocausto.