Occidente sufre desde varios años una falta de autoridad moral alarmante. Es notorio en el presente que tanto los EE.UU. como la mayoría de los gobiernos europeos son reacios a utilizar su poder militar para alcanzar una victoria definitiva en la guerra contra el terrorismo yihadista por temor a aparecer ante la opinión pública como potencias imperialistas. Los gobiernos Occidentales se muestran dubitativos al momento de pronunciarse sobre leyes migratorias y la defensa de sus propias fronteras para no aparecer como racistas y son reacios en pedir a los inmigrantes su asimilación como el respeto por sus leyes (especialmente en Europa) para no dar una imagen de xenófobos. Los europeos en su mayoría están confundidos y paralizados en aspectos inherentes a la primacía de su propia civilización en sus universidades y programas educativos para no ser acusados de supremacistas. En resumen, Occidente está a la defensiva y esto lo demuestran los conflictos de legitimación de sus propias sociedades modernas que colisionan y viven en la disociación de sus viejos pecados, de allí que su dirigencia política no actúa como debe porque no quiere ser sindicada como racista e imperialista. Y es en este proceso que Occidente todo ha perdido la capacidad de discernir entre el bien y el mal entregadose con desidia y sumisión a corrientes que ejercitan el doble rasero y la deslegitimación. El ejemplo mas claro de estas conductas en la escena internacional hoy es la demonizacion del Estado de Israel.