Judíos y árabes de Israel aparecieron ayer unidos en un frente común para condenar uno de los crímenes más reprobables y peligrosos que puedan cometerse en el marco de la siempre delicada situación en la región: el ataque a una mezquita , el incendio provocado en la misma, que dejó serias huellas no sólo en las paredes ennegrecidas por el fuego sino también en los numerosos libros del Korán quemados e inutilizados total o parcialmente.