MUCHOS ISRAELÍES, y muchos amigos de Israel en Occidente, creen que es algo a admirar el desigual acuerdo que pone en libertad a más de un millar de presos palestinos — incluyendo varios cientos de terroristas que cumplen cadena perpetua por asesinato — a cambio de Gilad Shalit, un soldado israelí secuestrado por Hamás en el año 2006 y sin comunicación con el mundo exterior prácticamente desde entonces. Según un sondeo publicado el lunes, el 79 por ciento de la opinión pública israelí aprueba el intercambio, con sólo el 14 por ciento en contra. Cuando el Primer Ministro Benjamin Netanyahu anunció el acuerdo la pasada semana, lo describió como prueba de que «la nación de Israel es un pueblo único; somos mutuamente responsables unos de otros». En un editorial, The Wall Street Journal plasma una opinión popular al explicar que la disposición de Israel a pagar un precio tan alto por la libertad de Shalit «es testimonio de sus valores nacionales y religiosos, con hincapié en la obligación de liberar a los cautivos».