Existe una corriente política consensuada que identifica a los Estados Unidos como exponente de la democracia plena. Sin duda esta idea dio lugar al progreso y convenció a los ciudadanos estadounidense de ello, su mensaje ha tenido tanto éxito que los demócratas, republicanos, liberales y conservadores mantienen a lo largo de su historia e incluso hasta hoy, una profunda identificación con esta forma de Gobierno a la que denominan “Democracia Estadounidense”. Incluso a través de una iniciativa histórica que lleva más de 50 años, esta “democracia americana” es promovida por el Gobierno Federal para ser exportada a diferentes latitudes. Hoy vemos esta iniciativa encabezada por el presidente Barak Obama jugando ficha en Oriente Medio y África del Norte. Pero sólo hay un detalle que esta mal con todo lo anterior, el problema se encuentra en la raíz de aquella idea, y “es que Estados Unidos no es una democracia; nunca lo ha sido y, Dios mediante, nunca lo será.