Si los resultados preliminares de las grandes ciudades, en la primera fase de las elecciones a la Cámara Baja, representan el patrón del voto en el conjunto del país, Egipto está en vísperas de un cambio trascendental, el que supone que el islamismo político, en diferentes versiones, vaya a controlar en la práctica el primer Parlamento digno de tal nombre. Un Parlamento de vida breve, que no estará ultimado hasta marzo, pero decisivo por cuanto su tarea fundamental será designar a los 100 redactores de la Constitución que perfilará el futuro del más poblado e influyente país árabe.