La Orquesta Filarmónica de Israel, bajo la batuta de Zubin Mehta, se apresta a ejecutar el concierto para violín de Bruch. En cuanto el solista Gil Shaham comienza a interpretar su parte, un grupo del público formado por hombres y mujeres portando carteles con leyendas anti israelíes y a favor de los palestinos, se levanta y comienza a cantar a viva voz para molestar a la orquesta. Sin inmutarse, el director ordena a sus músicos a tocar con mayor fuerza. A pesar de las cinco veces que distintos grupos ubicados en la sala tratan de interrumpirlo, el concierto es ejecutado en continuidad hasta su final.