Las palabras que le propinó el futbolista Luis Suárez a Patrice Evra, de origen franco-senegalés, refiriéndose a su condición de «negro», en medio de un partido de la liga inglesa, desató una polémica que sobrepasó los límites futbolísticos. Para algunos, la reacción de Suárez responde a patrones culturales, ya que la sociedad uruguaya padece de un racismo naturalizado que perpetúa la situación de vulnerabilidad social de la comunidad afrodescendiente.
Para el sociólogo Rafael Porzecanski, especialista en estudios de etnicidad y raza, cualquier comentario que identifique a una persona por su color de piel y se le degrade por esa condición es «una agresión de corte racista», aunque no necesariamente la persona que profiere el insulto sea «activamente» racista en todas las esferas de su vida. Lo calificó de «racismo blando». Sin embargo, «cuando en una cancha se grita gordo, judío o negro de mierda se está de alguna forma retransmitiendo una creencia popular donde se le asigna un valor negativo a ciertos atributos físicos, fenotípicos o étnicos de una persona».