Habla como un europeo que aprendió español mirando las telenovelas de Cris Morena. Pero no. Es un científico porteño que no conoce de fronteras, como la física experimental. Jorge Mikenberg es uno de los investigadores más importantes desde la década de 1980. Hoy dirige el protocolo de acción que va hasta 2030 del programa Atlas, más conocido como el colisionador de átomos ubicado en las afueras de Ginebra, Suiza. Hijo de un ingeniero agrónomo y hermano de una matemática, de chico tuvo que huir del peronismo porteño y refugiarse en Salta, al Norte de Argentina, donde pudo contemplar la naturaleza. De regreso a la capital terminó la escuela hasta que su padre, quien describió la constitución geológica del suelo argentino, obtuvo un puesto en la agencias de la Organización de las Naciones Unidas dedicada a la alimentación y agricultura (FAO) y tuvo que emigrar a Nicaragua. «Estuve unos días preso por hablar de democracia bajo la dictadura de la familia Somoza», recuerda Mikenberg. A los 16 años se fue a una colonia socialista (kibbutz) en Israel. Sus padres, para estar cerca, se mudaron a Tanzania. Estudió Física en la Universidad de Jerusalén, carrera que terminó en Chile (Pontífica Universidad Católica de Santiago). Regresó a Medio Oriente para cursar su doctorado en Física Experimental, hizo el posdoctorado en Estados Unidos y trabajó como representante del Instituto Weizmann en Alemania. Finalmente, se radicó en Ginebra en 1983.
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