Irán e Israel. Tensión en tierra, aire y bajo el mar. Mientras se intercambian amenazas terrestres, planes aéreos y maniobras balísticas en torno al programa nuclear iraní, las dos potencias regionales (con permiso del Egipto en crisis y el pujante vecino turco) navegan a velocidad de crucero hacia un choque frontal. La cuestión nuclear es fundamental en esta guerra marítima. Los tres submarinos de tipo Delfín que Israel posee (Dolphin, Leviatán y Tekumah) le conceden la temida “segunda respuesta” o también llamado “segundo golpe”. De fabricación alemana, es un arsenal de disuasión atómica. Y no es una exageración. En el escenario apocalíptico de un bombardeo nuclear de Irán contra Israel arrasando sus ciudades y neutralizando por ejemplo su planta (no de ropa) de Dimona y todas sus bases, Teherán sabe que los delfines israelíes no dejarían un edificio iraní en pie. Escondidos en alta mar y con capacidad para disparar misiles con cabeza nuclear, son etiquetados como armas del «Juicio Final».