Los egipcios acudieron ayer a las urnas con la esperanza de que por primera vez su voto sirva para decidir el futuro del país, en unas elecciones legislativas que se desarrollaron con tranquilidad pese a los temores sobre un repunte de la violencia. La incertidumbre de los últimos días, marcada por las protestas para exigir la renuncia de la Junta Militar que dejaron más de 40 muertos, no desanimó a los electores, que depositaron sus papeletas con la ilusión propia de los primerizos. Estos comicios para elegir el Parlamento son los primeros tras la caída del régimen de Hosni Mubarak, en febrero, y se presentan también como los primeros libres en la historia del país, donde la mayoría de sus 80 millones de habitantes no había ejercido nunca su derecho al voto.
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