La semana pasada se publicó que 4 de cada 10 estudiantes judíos de las universidades británicas declaró haber presenciado o sido objeto de actos antisemitas. En una encuesta reciente realizada por la DAIA en Argentina, el 82% de los encuestados opinó que el interés principal de los judíos es ganar dinero. En Concordia, el mes pasado, una señora concurrió a misa y escuchó al cura decir que “los judíos son tan mentirosos, que tienen el alma podrida hasta los huesos”. Pocos días después, un judío fue brutalmente agredido en la puerta de una sinagoga, en el barrio de Flores, en Buenos Aires. Es que hablamos de un odio tan ancestral que impregna la cultura popular.