La era del testimonio sobre las grandes atrocidades, dicen investigadores e historiadores, comenzó con el juicio a Adolf Eichmann en Israel en 1961. Y fue por otro criminal de guerra nazi, Josef Mengele, que empezó la de la ciencia forense, para esos mismos casos. Un reciente informe de dos expertos -Eyal Weizman y Thomas Keenan- reconstruye el laborioso proceso de establecer a quién habían pertenecido esos huesos que se exhibían como los del criminal de guerra nazi y que habían aparecido en un cementerio de San Pablo en 1985.