Los cristianos sirios viven una Navidad austera en solidaridad con los muertos en su país, pese a que temen no ser bienvenidos en su propia tierra si los islamistas ascienden al poder y el régimen de Bashar al Asad es derrocado.
El cristiano ortodoxo George Juri, de 50 años, vive una lucha interna entre sus sentimientos de enfado y miedo ante la perspectiva de que los islamistas gobiernen algún día si Al Asad cae y la culpa por encontrarse a salvo en Damasco mientras otros compatriotas suyos sufren la inseguridad tras nueve meses de agitación popular.