Siria se queda sola en la escena internacional y Moscú, afianzado como el último aliado de peso que le queda a Damasco, trató ayer de lanzar otro salvavidas al régimen de Bachar al Assad que pueda evitar el descenso imparable hacia una guerra civil. La retirada de los embajadores de los principales países de la Unión Europea y del Consejo de Cooperación del Golfo, que se sumó ayer a las anunciadas el lunes por Washington y Londres, dejó todavía más aislado a un régimen que se enfrenta a sangre y fuego al levantamiento de la población en muchas de sus ciudades. En ese marco, el ministro ruso de Exteriores, Serguéi Lavrov, se reunió ayer en Damasco con Al Assad.
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