Los egipcios protagonizaron ayer en la plaza Tahrir de El Cairo la concentración más masiva desde la revolución –hace un año– que acabó con tres décadas de dictadura de Hosni Mubarak. En la plaza se vivió una catarsis de patriotismo con espacio para reivindicaciones. Varios reclamos no han sido escuchados: las elecciones legislativas no han logrado sacar a los militares, el Ejército sigue dominando el país –como en tiempos de Mubarak– y las libertades civiles aún se encuentran embretadas. Todos los caminos llevaban a Tahrir, epicentro de la revolución del 25 de enero, donde bajo un sol radiante confluyeron varias marchas de decenas de miles de personas organizadas por distintos grupos de jóvenes y revolucionarios para pedir que la junta militar que gobierna Egipto traspase el poder de forma inmediata.
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