La esencia de la política, lo dijo Macmillan hace muchos años, es el timing, el calendario o el hacer las cosas en el momento oportuno. Si la Constitución que se sometió a referéndum en Siria el domingo se hubiera redactado hace diez años, seguramente la suerte de la dinastía laica de los Asad habría perdurado más tiempo y el partido Baas seguiría cosechando buena parte de los votos de los sirios. Ya no sirve. Es tarde. Más de seis mil sirios muertos como consecuencia de la represión del régimen no se borran o redimen con un referéndum constitucional. El presidente Asad, acompañado de su rubia y elegante esposa, una británica de origen sirio, no puede sonreír ante las cámaras en el momento de votar como si fueran unas elecciones en Birmingham o Marsella. Es indignante ver la sonrisa de un personaje que se resiste a quitarse de en medio y dar la voz a los ciudadanos.