En Occidente hay dos clichés, dos imágenes opuestas, sobre la revolución egipcia y la Primavera Arabe. Una es la de las bellas y jóvenes revolucionarias, usuarias de Facebook y Twitter , que explican en perfecto inglés sus inmaculados objetivos laicos y liberales. La otra es la de los hombres islamistas, morenos y barbudos , que aprovechan un breve instante de semidemocracia para imponer su represión violenta, teocrática y misógina. Como ocurre tantas veces, los clichés tienen una base de verdad. Hay en Egipto jóvenes, tanto hombres como mujeres, fantásticos, valientes e inteligentes, que han hecho frente a tremendas intimidaciones de todo tipo (desde balas de la policía hasta acoso sexual) y merecen que les demos toda nuestra solidaridad y todo nuestro apoyo. Y, desde luego, existen algunos monstruos islamistas. Pero los clichés ignoran dos verdades más amplias e importantes.