Cuando estaba en la universidad, en la década de 1980, invité al secretario de Defensa de Ronald Reagan, Caspar Weinberger, para que pronunciara un discurso en la universidad. En ese momento, las universidades estadounidenses eran focos de oposición a la administración de Reagan, en especial, a sus políticas de defensa. Efectivamente, cuando Weinberger empezó a hablar, varios estudiantes se levantaron y empezaron a interrumpirlo. Uno tras otro, se levantaron y juntos dijeron: «La disuasión es una mentira».
Los debates sobre las ambiciones nucleares de Irán me recuerdan a esa reunión turbulenta, ya que destacan una extraña inversión de papeles en el discurso de la política exterior de hoy día. Era la izquierda quien se rehusaba a aceptar la idea de la disuasión, buscando en su lugar otras opciones como la congelación nuclear. Y solían ser los de derecha quienes pacientemente explicaban las virtudes prácticas de la disuasió
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