La buhardilla de este edificio gótico guarda un cuerpo, cuentan en la ciudad. Más o menos humano. El cuento empieza así. Corre el sigo XVI, es sábado, se adivina el frío y el rabino Loew –mucho después, en un poema, Borges traducirá “Judá León”– había cometido una imprudencia: para ir a oficiar el servicio, había dejado solo al Golem, ese muñecote al que, con las palabras justas, había dado vida. Solo, mirando con sus ojos “menos de hombre que de perro y harto menos de perro que de cosa” (así lo describe Borges), el Golem corre enloquecido. El rabino entiende que tiene que actuar. Va al encuentro de su criatura, quita de él la clave de la vida y lo arrastra hacia el ático. El edificio gótico (se construyó en 1270) es la Vieja-Nueva Sinagoga de Praga. Ayer empezó aquí la III Bienal Borges-Kafka.