El gobierno de Sudán del Norte despojó a sus habitantes cristianos, cuyo número se estima entre 500.000 y 700.000, de su ciudadanía y les ordenó abandonar el país. El gobierno del dictador islamista Omar Bashir declaró que todos aquellos “cuyos padres, abuelos o bisabuelos procedan del Sur de Sudán o pertenezcan a un grupo étnico sureño” ya no son ciudadanos del país y por lo tanto deben irse.