Durante los días de las movilizaciones en Egipto, escuchamos a muchos analistas occidentales desgranar halagos en referencia a la pacífica revolución egipcia. Era notorio que no tenían cabal idea de lo que hablaban. Ahora deberían explicarnos qué fue de esa generación joven y revolucionaria a sesenta días de las movilizaciones. De ninguna manera resultaba complejo percibir las derivaciones de «la primavera egipcia», por lo que deberíamos preguntarnos si el único logro de la revolución egipcia fue la sustitución de un faraón por otro. El primer fracaso y retroceso del Consejo Militar fue el apego obstinado de sus miembros en la defensa del Artículo 2º de la Constitución, cuyo texto, implícitamente, legaliza la discriminación y el «apartheid» en Egipto. Este texto fomenta y fortalece el racismo y la discriminación entre los ciudadanos según sus creencias religiosas, a la vez que cultiva y estimula sentimientos de hostilidad, rencor, desigualdad y un sentido de superioridad de los musulmanes sobre los cristianos.