En esta lengua de tierra libanesa que penetra en Siria, en Wadi Khalked, donde han encontrado refugio miles de sirios, vive un grupo de desertores del ejercito nacional sirio, jóvenes procedentes de Homs, a solo un centenar de kilómetros, de Alepo, de Derezor al otro extremo la vecina república. Desde hace tres meses ocupan una casa en construcción, vigilados por sus vecinos. Wadi Khaled es una suerte de pequeño enclave de anomalía en este trazado fronterizo nunca completamente reconocido -de hecho aun esta frontera siriolibanesa, no ha sido registrada en la ONU- por el que siempre ha sido tan fácil cruzar.