Tras los pogroms de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, tras distintas secuelas de persecuciones en distintas partes del mundo, provocadas por la Primera Guerra Mundial, los judíos se encontraron frente al régimen nazi que comenzaba a utilizar su propaganda antisemita como slogan unificador de las masas hasta arrastrarlas a una terrible campaña de exterminio hecha por la «raza superior» para que «esos hombres superiores» tuvieran su «espacio vital».
La irrupción del hitlerismo en la historia del siglo XX es el sello de dicho siglo. El siglo XVII fue el de los descubrimientos. El XVIII el de la toma de conciencia de las posibilidades del hombre y su inteligencia, el de la búsqueda de las libertades individuales hecha política. El siglo XIX fue el del racionalismo o el intento de unir datos de la existencia material o espiritual. El siglo XX, entonces, es la borrachera del hombre en sus desmesuradas empresas científicas y sociales, el de los excesos, con lo que termina destruyéndose a sí mismo en el nazismo, el fascismo, el comunismo, las dictaduras del Tercer Mundo hechas a imagen y semejanza de las anteriores y la carrera armamenticia frenada solamente por la falta de recursos materiales.
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