Fueron cientos de miles en sus buenos tiempos, pero ahora sólo quedan en Marruecos algo más de 2.000 judíos, que asisten impotentes al éxodo irreversible de los jóvenes, y tras ellos sus mayores. Sin embargo, las tumbas de «tzadikim» judíos (justos) diseminadas por todo Marruecos atraen cada año a miles y miles de fieles originarios del país magrebí y atestiguan el tremendo apego que los judíos marroquíes, desde Israel hasta Canadá o Venezuela, tienen hacia la tierra donde vivieron sus ancestros.