Adolf Hitler tomó la decisión de hacerse una casa en Hollywood en 1933, año en el que los nazis tomaron el poder en Alemania. Desde aquel idílico paraje, en unos Estados Unidos supuestamente nazis y controlados por el Reich de los mil años, el “führer” iba a hacer y deshacer la política mundial a su antojo. Los filonazis de los Estados Unidos en los años 30, los “camisas plateadas”, estaban tan convencidos de que la victoria de Hitler en la Segunda Guerra Mundial era inevitable que se gastaron millones de dólares en la construcción de este complejo de lujo a la espera de la llegada de su “führer”.