Zina y Muhammad han llegado como refugiados a Turquía. Ahí se sienten a salvo… pero quieren volver a casa.
Muhammad acompaña a su padre, que trabaja de cuidador en una escuela para refugiados. Zina y Muhammad son demasiado pequeños para todo lo que ya han vivido en su país natal, Siria, antes de llegar a territorio turco donde están a salvo y donde los encuentra.
Ella, con sus 10 años, sus hermosos ojos y su enorme sonrisa —que no podemos mostrar porque su abuelo ha pedido expresamente no tomar fotos— podría parecer una niña normal en cualquier lado del mundo… hasta que cuenta de su miedo a los aviones. “Es que de allí caen bombas… hacen mucho ruido… destruyen… y a mí me da miedo”, cuenta con voz suave que no va bien con lo fuerte de su mirada.