Hace 75 años, unos 120.000 judíos vivían en Irak. En Bagdad, eran prominentes en negocios y las profesiones: médicos, abogados, banqueros, profesores, músicos, escritores, artistas, ingenieros. El verano pasado, un visitante que acababa de regresar de Irak me dijo que sólo podía confirmar la existencia de cinco judíos vivos en el país. No 5.000. No 500. Cinco. Están demasiado viejos para irse. Cuando mueran, no habrá ninguno.