La sensación es de algún alivio. Las armas han callado en la Franja de Gaza. Por 72 horas, al menos. Ya no vuelan los misiles hacia Israel. Ni se oye el fragor de sus cañones. Hay una tregua. Frágil, pero allí está.
La sensación es de algún alivio. Las armas han callado en la Franja de Gaza. Por 72 horas, al menos. Ya no vuelan los misiles hacia Israel. Ni se oye el fragor de sus cañones. Hay una tregua. Frágil, pero allí está.
Durante la reciente “Operación Margen Protector” llevada a cabo por Israel en respuesta a los ataques de Hamas contra poblaciones civiles israelíes, fueron los países latinoamericanos, mayormente de izquierda, los que tomaron una actitud prejuiciosa contra el Estado de Israel y definieron por sus propias manos lo que era justicia antes de tener veredicto alguno.
Hamas es el grupo político Palestino que controla y maneja las cosas políticas en la franja de Gaza donde viven más de un millón de personas. Hamas tiene como objetivo, lo dice su estatuto central, la destrucción del Estado de Israel y la exterminación de toda persona de origen judío.
La imbecilidad, la hipocresía, la ignorancia y, también, la complicidad, se potencian como un combo siniestro en la mayoría de las críticas que Israel está recibiendo por su intento de poner coto al asedio permanente a que lo tienen sometido los jefes de Hamás, sanguinarios carceleros de dos millones de desgraciados palestinos en Gaza.