La sensación es de algún
alivio. Las armas han callado en la Franja de Gaza. Por 72 horas, al menos. Ya
no vuelan los misiles hacia Israel. Ni se oye el fragor de sus cañones. Hay una
tregua. Frágil, pero allí está.
En las últimas horas
habían aparecido las primeras señales de que los combates y acciones militares
podrían quizás haber entrado en una lenta fase final. Ocurre que, desde el
domingo pasado, Israel había comenzado ya a retirar buena parte de sus
efectivos de las zonas pobladas de Gaza y a estacionarlos cerca de la frontera,
aunque todavía dentro del territorio de Gaza. Con excepción de aquellas tropas
que aún operaron activamente en las inmediaciones del paso fronterizo de Rafah,
que fuera escenario de las últimas acciones militares. Hoy esos efectivos están
ya en territorio israelí.
Las armas han callado en
la Franja de Gaza. Por 72 horas, al menos
También Hamas
-presumiblemente como consecuencia de los bombardeos israelíes- parecía haber
disminuido un tanto la intensidad de sus disparos de misiles contra Israel. En
los cinco primeros días del reciente estallido de violencia -esto es, desde el
8 al 13 de julio pasado- los disparos indiscriminados de misiles palestinos
contra Israel alcanzaron un ritmo realmente aterrador: 300 misiles diarios. La
magnitud de esos ataques había ido disminuyendo paulatinamente, hasta llegar a
los 55 misiles que se dispararan durante el domingo pasado. Y a los 53 del
lunes, el día previo a la tregua acordada.
Las cifras de bajas
acumuladas en la reciente espiral de violencia son de horror: 1834 muertos
palestinos (de los que bastante más de 1000 han sido civiles inocentes) y 9370
heridos. A los que hay que sumar las 64 muertes de soldados israelíes y los
tres muertos israelíes, civiles inocentes.
Israel había, entonces,
comenzado a cerrar unilateralmente su tercer enfrentamiento militar abierto en
la Franja de Gaza contra los milicianos de Hamas. El final, si esto se
consolida, podría ser parecido al que ocurriera a comienzos de 2009, en
oportunidad del primer ciclo de combates entre ambas partes. De hecho. Sin que
exista un cese el fuego explícito, convenido entre las partes. No obstante,
ahora ha aparecido la oportunidad de consolidar la reciente interrupción de las
hostilidades. Y de intentar construir una paz duradera.
Ahora ha aparecido la
oportunidad de consolidar la reciente interrupción de las hostilidades. Y de
intentar construir una paz duradera
Para Israel, el objetivo
de inutilizar, destruir o, por lo menos, neutralizar la enorme red de 32
túneles construida por Hamas que penetraban en el territorio de Israel, parece
haber sido sustancialmente alcanzado. No obstante, Hamas tiene aún un
inventario importante de misiles no utilizados, estimado en unos 3000. Esa es
una obvia amenaza para la paz. Lo que se evidencia con sólo recordar que, desde
el 8 de julio pasado, desde el interior de Gaza se dispararon nada menos que
unos 3300 misiles contra Israel. Indiscriminadamente. Lo que está expresamente
prohibido por el derecho humanitario internacional.
Para Hamas, alcanzar el
objetivo del levantamiento del bloqueo que, por ocho años, es cierto, ha
lastimado profundamente a la población de la Franja de Gaza sigue siendo
prioritario. Lo cierto es que lograrlo no pasa por las acciones militares, sino
por los andariveles de la diplomacia. Y es de esperar que esto se comprenda y
que, cuando una oportunidad parece haber aparecido, no se desaproveche.
El gobierno de Egipto ha
sido decisivo en el logro del cese el fuego provisorio. Apoyado por las
Naciones Unidas y los Estados Unidos. Su gestión debe continuar. Porque el
camino de la paz no admite el cansancio. Egipto merece ahora el reconocimiento
y el apoyo que corresponde.
En Israel, el premier
Benjamin Netanyahu cuenta con el abrumador respaldo de la población de su país.
Que ha tomado plena conciencia del peligro que corre. Hablamos de nada menos
que un 85% de esa población. Los pacifistas se han hecho oír, pero los sondeos
confirman que su peso en la opinión pública israelí es débil.
Las defensas
antimisilísticas israelíes han demostrado una vez más su tremenda eficacia,
destruyendo en el aire a los misiles que podían caer en los centros poblados o
sobre blancos estratégicos. Pero el tema de la «proporcionalidad» de
la reacción militar israelí es -y será siempre- una cuestión harto difícil,
donde las opiniones estarán divididas.
En otro andarivel, pero
en el mismo vecindario, cabe destacar que una buena parte de los líderes árabes
esta vez pareció no apoyar a Hamas. Sucede que su propio mundo está inmerso en
la fragilidad de una peligrosísima confrontación facciosa -increíblemente violenta-
que se ha extendido por el mundo árabe, dividiéndolo profundamente. La que
tiene como protagonistas a los fundamentalismos, tanto «shiitas» como
«sunnis». Con acciones que, con frecuencia, evidencian un nivel de
barbarie desesperante, absolutamente de espaldas a las normas del derecho
humanitario internacional; esto es, a las leyes de la guerra.
Son pocos, felizmente,
los que procuran que Gaza se convierta, de pronto, en una nueva Mosul
Son pocos, felizmente,
los que procuran que Gaza se convierta, de pronto, en una nueva Mosul. Sería
una pesadilla. Multiplicando exponencialmente su fragilidad y acercándose así
al abismo impredecible de la guerra religiosa. Adquiriendo, además, otro nivel
de peligrosidad e irracionalidad. Con un marco de decapitaciones y circuncisión
masiva de las mujeres. Con expulsión -o muerte- de quienes no comulgan con la
versión del Islam que abrazan los «jihadistas».
Por todo esto quizás,
Egipto, Jordania, Arabia Saudita y los Emiratos han estado casi en silencio.
Sin apoyar abiertamente a Hamas. A diferencia de Turquía y Qatar, que endosaron
a ese movimiento.
El presidente de Egipto,
el ex general Abdel Fattah al Sisi, mantuvo su cooperación con Israel respecto
del bloqueo de Gaza, así como en la tarea de inutilización de la red de túneles
de Hamas. Mientras luchaba, en paralelo, contra el «jihadismo
islámico» en su propia tierra. Especialmente en el norte de Sinaí, al
norte mismo de la Franja de Gaza. A lo que cabe agregar que su principal
enemigo doméstico -al que ha calificado formalmente de organización terrorista-
es la Hermandad Musulmana, organización islámica que tiene intimidad con Hamas.
No obstante, Egipto, como
correspondía en esta emergencia al país «decano» de la diplomacia
africana, ha ayudado a Hamas en el capítulo de la ayuda humanitaria. Y ha
tenido éxito en poder concertar el reciente cese del fuego. Lo que debe ser
apoyado.
Irán, alejado de Hamas
desde que el movimiento se negara a cooperar -como lo hiciera Hezbollah- en la
represión de la insurgencia siria, está sobreextendido en su apoyo -en Siria-
al clan Assad y al gobierno de Irak, ambos invadidos por las bien entrenadas
fuerzas «jihadistas sunnis» que, luego de tres años de guerra en
Siria, han conformado ahora el califato al que se ha llamado: ISIS. Y siguen
expandiéndolo. En los últimos días han avanzado mucho tanto sobre la zona kurda
de Irak, como sobre el Líbano. Como si sus contingentes fueran imparables.
Hablamos de un fenómeno de enorme peligrosidad, que acaba de infectar a Libia,
donde las fuerzas fundamentalistas que se han apoderado de la ciudad de
Benghazi, han proclamado -también allí- un califato.
La aislada Rusia, con su
ilegal manotazo sobre Crimea y Sebastopol, ha dañado severamente al derecho
internacional, infectando al escenario internacional de anomia. Lo que
naturalmente no ayuda en temas como el de Gaza. Como, además, Rusia mantiene su
propio conflicto armado interno contra los fundamentalistas islámicos, en
Chechenia y Dagestán, no ha mostrado simpatía por la causa de Hamas. Y no ha
asumido en Gaza rol protagónico alguno. A diferencia de lo sucedido en Siria.
Algo bastante parecido
sucede con China, donde el conflicto similar que el país oriental mantiene con
los «uighures» en el noroeste de su territorio, ha crecido
fuertemente en intensidad a lo largo de las últimas semanas.
Jordania está también en
tensión, con las fuerzas de ISIS en su frontera controlando la ciudad de Ar
Rudba. Y con cientos de miles de ansiosos palestinos refugiados, desde hace
décadas, en su interior. Por su parte, tanto Siria como el Líbano e Irak son ya
presas de la guerra facciosa que divide -cada vez más- al islamismo.
El clamor debe hoy ser
uno solo: el de mantener el cese total de la violencia
Frente a todo esto,
releyendo el discurso de Elie Wiesel cuando recibiera el Premio Nobel a la Paz,
en 1986, uno encuentra palabras proféticas y certeras que, 28 años después,
mantienen su actualidad. «El sufrimiento humano en cualquier parte aflige
a los hombres y mujeres en todas partes. Esto se aplica también a los
palestinos, respecto de cuya situación soy sensible, pero cuyos métodos
deploro. Los deploro cuando conducen a la violencia. La violencia no es la
respuesta. El terrorismo es la más peligrosa de las respuestas. Ellos están
frustrados. Lo que es comprensible. Algo debe estar mal. Los refugiados y su
miseria. Los chicos y sus miedos. Los desarraigados y su desesperanza. Algo
debe hacerse respecto de esta situación. Tanto el pueblo judío como el pueblo
palestino han perdido demasiados hijos e hijas y han derramado demasiada
sangre. Esto debe terminar y todos los intentos porque termine deben ser
alentados.»
El clamor, entonces, debe
hoy ser uno solo: el de mantener el cese total de la violencia. Y comenzar a
edificar, sin pausas, una paz duradera. Sabiendo que la tarea es bien compleja
y que debe ser abordada sin demoras. Y con absoluto realismo. Aunque,
seguramente, edificarla lleve su tiempo.
Los misiles palestinos no
deben seguir volando en procura de sembrar la muerte. Las reacciones militares
israelíes, por inevitables que sean, llenan al mundo de congoja. Por esto, la
Franja de Gaza (que hoy contiene a unos 260.000 desplazados) debería ser
desmilitarizada, con un adecuado control internacional. Mientras, en paralelo,
se comienza a trabajar sobre cómo levantar la manta de miseria que se ha
extendido sobre su población, que lleva años de indescriptibles sufrimientos y
frustraciones.
En el escenario actual,
la acción de las Naciones Unidas (como aconteciera en los casos de Timor
Oriental y Kosovo) podría ser central y el aporte y apoyo de todos para que
ella se concrete resulta indispensable. Es hora de pasar de la retórica y los
oportunismos a empujar las soluciones duraderas, incluyendo la acción
humanitaria. Lo que supone apoyar, sin titubeos, a los actores capaces de
impedir que la violencia vuelva, de pronto, a apoderarse de la Franja de Gaza..