¿Contra quién pelea Israel?

07/Ago/2014

Búsqueda, Claudio Paolillo

¿Contra quién pelea Israel?

La imbecilidad, la
hipocresía, la ignorancia y, también, la complicidad, se potencian como un
combo siniestro en la mayoría de las críticas que Israel está recibiendo por su
intento de poner coto al asedio permanente a que lo tienen sometido los jefes
de Hamás, sanguinarios carceleros de dos millones de desgraciados palestinos en
Gaza.

La crueldad de la
perversión en este escenario es tan inconcebible que puede confundir al mejor
intencionado: los militares de Hamás lanzan permanentemente ataques mortales
contra la población israelí desde Gaza (18.000 cohetes y misiles en los últimos
años); Israel se defiende con tecnología, interceptando casi todas las bombas
de sus agresores en el aire, y así evita que haya miles de muertos en su
territorio; cuando Israel identifica los lugares desde donde se lanzan los
misiles de Hamás y quiere defenderse destruyendo esos sitios, los conductores
de Hamás dejan allí a civiles indefensos (cuantos más niños y mujeres, mejor),
ellos huyen y se ponen a cubierto; luego, exhiben los cuerpos inertes de sus
«mártires» sangrantes ante el mundo, para poner en evidencia la
«frialdad asesina» y la «vesania» del ejército israelí, y
la «desproporción» de la «guerra imperialista». De ese
modo, consiguen ante los ojos de miles de millones de personas que el evidente
agresor se transforme en evidente agredido y que el evidente agredido sea visto
como el evidente agresor.

Ante semejante
perturbación de la realidad, es muy difícil para Israel defenderse y, al mismo
tiempo, ganar la batalla de la opinión pública. Pero, ¿por qué el inocente
pueblo palestino que malvive en Gaza bajo la dictadura de Hamás desde el año
2007 no se rebela cuando sus hijos son enviados directamente a la muerte por
estos fanáticos religiosos?

Hay que ir a las fuentes.
Hay que leer la «Carta Fundacional de Hamás». Allí están casi todas
las explicaciones.

Veamos algunas de ellas:

• Hamás, acrónimo de
Harakat al-Muqawama al-Islamiya (Movimiento de Resistencia Islámico), no
reconoce la legitimidad del Estado de Israel ni acepta la resolución de la
Asamblea General de las Naciones Unidas que el 29 de noviembre de 1947 propuso
la partición de Palestina en dos estados: uno árabe y otro judío. Por eso, sólo
busca expulsar a los judíos de su país, matándolos a todos si es necesario,
mediante la lucha armada y ataques suicidas contra civiles.

• En la «Carta
Fundacional» de Hamás, se lee:»Israel existirá y seguirá existiendo
hasta que el islam lo aniquile, como antes aniquiló a otros».

También: «Nuestra
lucha contra los judíos es muy grande y muy seria. (…) El Movimiento no es
más que un escuadrón que debe ser apoyado por más y más escuadrones de este
vasto mundo árabe e islámico, hasta que el enemigo sea vencido y se realice la
victoria de Alá».

Y sigue: Hamas está
integrado por musulmanes que «temen a Alá y alzan el estandarte de la
Yihad (‘guerra santa’) frente a los opresores, a fin de liberar a la tierra y
al pueblo de su impureza, su vileza y sus males». Hamás «lucha por
alzar el estandarte de Alá sobre cada pulgada de Palestina».

«El Profeta ha
dicho: ‘El Día del Juicio no llegará hasta que los musulmanes combatan contra
los judíos (matando a los judíos), cuando el judío se esconderá detrás de
piedras y árboles. Las piedras y los árboles dirán: Oh musulmanes, oh Abdulla,
hay un judío detrás de mí, ven a matarlo. Sólo el árbol gharkad no lo hará,
porque es uno de los árboles de los judíos’».

El lema de Hamás, según
su propia definición, es el siguiente: «Alá es su meta, el Profeta es su
modelo, el Corán su constitución, la Yihad es su senda y la muerte por Alá es
su más alto anhelo».

«El Movimiento de
Resistencia Islámica considera que la tierra de Palestina es un waqf islámico
(el waqf es una ‘donación religiosa’ inalienable, inembargable y a perpetuidad
en el islam) consagrado a las futuras generaciones musulmanas hasta el Día del
Juicio. Ni ella, ni ninguna parte de ella, se puede dilapidar; ni a ella, ni a
ninguna parte de ella, se puede renunciar. Ni un solo país árabe ni todos los
países árabes, ni ningún rey o presidente, ni todos los reyes y presidentes, ni
ninguna organización ni todas ellas, sean palestinas o árabes, tienen derecho a
hacerlo. Palestina es un territorio waqf islámico consagrado a las generaciones
musulmanas hasta el Día del Juicio. (…) Este waqf perdura mientras perduren la
tierra y el cielo. Todo procedimiento que contradiga la sharia islámica, en lo
que concierne a Palestina, es nulo y sin valor».

Resistir al enemigo y
eliminarlo pasa a ser el deber individual de todo musulmán, hombre o
mujer».

«Las iniciativas y
las llamadas soluciones pacíficas y conferencias internacionales están en
contradicción con los principios del Movimiento de Resistencia Islámica. (…)
Esas conferencias solo son maneras de instalar a los infieles en la tierra de
los musulmanes en calidad de árbitros. ¿Desde cuándo han hecho justicia los
infieles a los creyentes? (…) No hay solución para la cuestión palestina si no
es a través de la Yihad. Las iniciativas, las propuestas y las conferencias
internacionales son todas una pérdida de tiempo y empresas vanas».

«La liberación de
Palestina es un deber individual para todo musulmán, dondequiera que esté. (…)
Frente a la usurpación judía de Palestina es obligatorio alzar el estandarte de
la Yihad. (…) Es imperativo instilar en las mentes de las generaciones
musulmanas que el problema palestino es un problema religioso, y que hay que
acometerlo sobre esa base».

«La mujer musulmana
tiene un cometido no menos importante que el del hombre musulmán en la batalla
de liberación. Es la hacedora de hombres. Su cometido en la guía y la educación
de las nuevas generaciones es grande. Los enemigos han comprendido la
importancia de su cometido. Consideran que si pueden dirigirla y educarla como
ellos quieren, lejos del islam, habrán ganado la batalla. Por eso se les ve
atender constantemente a esos intentos a través de campañas de información,
películas y programas escolares, utilizando con ese fin a sus lacayos infiltrados
a través de organizaciones sionistas bajo distintos nombres y figuras, tales
como Masonería, clubes de Rotarios y Leones, grupos de espionaje y otros, que
no son sino células de subversión y saboteadores. (…) El día en que el islam
controle la dirección de los asuntos de la vida, estas organizaciones, hostiles
a la humanidad y al islam, serán aniquiladas».

La mujer en el hogar de
la familia combatiente, sea madre o hermana, desempeña el cometido
importantísimo de cuidar de la familia, criar a los niños e imbuirles de
valores morales y pensamientos derivados del islam. Ella tiene que enseñarles a
cumplir los deberes religiosos en preparación para el cometido de combate que
les espera. Por eso es necesario prestar gran atención a las escuelas y los planes
de estudios aplicados a la educación de las niñas musulmanas, para que cuando
crezcan sean buenas madres, conscientes de su papel en la batalla de
liberación. La mujer ha de tener conocimiento y comprensión suficientes en lo
que se refiere a la realización de lastareas domésticas».

«Los enemigos (los
judíos) tomaron el control de los medios de comunicación del mundo, las
agencias de noticias, la prensa, las empresas editoriales, las emisoras de
radio y otros. Con su dinero atizaron revoluciones en distintas partes del
mundo para alcanzar sus fines y cosechar sus frutos. Estuvieron detrás de la
Revolución Francesa, de la revolución comunista y de la mayoría de las
revoluciones de las que hemos sabido y sabemos, aquí y allá. (…) Ellos
estuvieron detrás de la Primera Guerra Mundial, cuando lograron destruir el
Califato islámico, obtener ganancias financieras y controlar recursos. Ellos
consiguieron la Declaración Balfour, formaron la Sociedad de Naciones para
dominar el mundo a través de ella. Ellos estuvieron detrás de la Segunda Guerra
Mundial, mediante la cual obtuvieron enormes ganancias financieras con el
comercio de armamentos y prepararon el terreno para el establecimiento de su
Estado. Fueron ellos los que instigaron la sustitución de la Sociedad de Naciones
por las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad, para poder dominar el mundo
a través de ellos. No hay guerra que se libre en ninguna parte en la que ellos
no hayan puesto el dedo. (…) Abandonar el círculo de la lucha con el sionismo
es alta traición, y maldito sea el que lo haga».

Contra esta cosa
tenebrosa combate Israel.

Pero como Israel es la
única democracia de Medio Oriente, el único pedazo de tierra de toda esa zona
—llena de petróleo, con jeques-dictadores y ayatolas-dictadores millonarios y
corruptos— donde se promueven las garantías individuales, la libertad y los
derechos humanos, es lógico que la parte del mundo parecida a Israel (esto es,
Occidente) le reclame estándares de respeto por la vida, de los cuales carecen
completamente sus enemigos jurados. Israel no debería enojarse cuando se le
recrimina por matar niños, mujeres y civiles en sus acciones defensivas porque,
precisamente, cuidar la vida es la diferencia que lo legitima ante la barbarie
de sus vecinos. Y no debe olvidar que dentro de Israel hay, también, fanáticos
religiosos y extremistas de signo opuesto que inciden negativamente en el
gobierno, que tampoco tienen el más mínimo deseo por la convivencia en paz con
los palestinos y que son un pesado lastre para un país civilizado llamado a ser
un faro de libertad en un mar de opresión.

Sin embargo, cualquier
expresión de «repudio», como la de la Cancillería uruguaya de la
semana pasada, que deliberadamente omite hacer al menos una mínima mención a
Hamás y a la causa que origina este horrendo derramamiento de sangre, exuda
hipocresía por todos los costados. Ni hablar del presidente Mujica, que
calificó como «genocidio» lo que está haciendo Israel en Gaza. Si de
verdad piensa eso —que los israelíes son «genocidas»—, ¿qué está
esperando su gobierno para romper relaciones diplomáticas con un Estado
«genocida»? ¿O es que el gobierno de Uruguay es capaz de mantener
relaciones amables y fluidas con un Estado «genocida»?

Pero a no asombrarse
mucho: gran parte de la «izquierda» uruguaya (y latinoamericana)
siempre estuvo en contra de Israel y a favor de «movimientos de
liberación» como Hamás y Hezbolah, cultores de la muerte, del odio
religioso, de la segregación de la mujer y del más puro atraso.

En Uruguay y en América
Latina, buena parte de la izquierda sigue cumpliendo las órdenes que en enero
de 1966 impartió en La Habana el jefe, Fidel Castro, cuando en la
«Conferencia Tricontinental» promovió y apuntaló la línea que se
mantiene hasta el día de hoy. La «Tricontinental» dijo que «el
sionismo es un movimiento imperialista por su naturaleza, con propósitos
agresivos y expansionistas» y con «una estructura racista y
fascista», que «Israel constituye una amenaza al desarrollo del
progreso en esta región», y condenó «la existencia de Israel en el
territorio ocupado de Palestina».

De manera que Mujica
«está en la línea». No se le mueve un pelo al llamar
«genocida» a Israel porque eso viene siendo dicho por una enorme
porción de la «izquierda» latinoamericana desde hace medio siglo.

Yo solo le trasladaría al
presidente dos preguntas que Amoz Oz —un renombrado escritor, periodista y
profesor de literatura israelí, izquierdista y defensor de una solución
biestatal para el conflicto palestino-judío— hizo a un periodista de la
Deutsche Welle durante una entrevista la semana pasada: «¿Qué harían
ustedes si su vecino de enfrente se sienta en el balcón, pone a su niño sobre
sus piernas y comienza a disparar una ametralladora contra la habitación de sus
hijos? ¿Qué harían ustedes si su vecino de enfrente cava un túnel desde su casa
a la habitación de sus hijos con el objetivo de volar su hogar por los aires o
secuestrar a su familia?».

¿Qué haría, presidente
Mujica?