Oskar Gröning sabía que probablemente ningún judío iba a sobrevivir a Auschwitz. «No me podía imaginar que alguien saliera vivo», admitió el llamado «tesorero de Auschwitz», que durante más de dos años revisó y seleccionó el dinero y todo tipo de pertenencias de cientos de miles de víctimas, incluidos sus dientes de oro.