A 23 años de la voladura de la Embajada de Israel en Argentina, muchos se preguntan lo mismo que la esposa de Miguel Ángel Lancieri, el uruguayo asesinado el 17 de marzo de 1992 mientras reparaba un equipo de aire acondicionado en el edificio contiguo: ¿quién va a escribir la historia? Más de dos décadas pasaron desde uno de los atentados más sangrientos sucedidos en Buenos Aires, y muy poco es lo que se recuerda del estruendoso ataque que dejó 22 muertos, más de 800 heridos y algunas cicatrices sociales y políticas de lenta curación.