Gracias a que Max Brod no cumplió su palabra, la obra en alemán del escritor judío de Praga Franz Kafka pudo dejar su sello en la literatura universal con textos como El proceso o Carta al padre. La justicia israelí parece haber completado la misión de Brod 91 años después al dictaminar que sus manuscritos, en manos hasta ahora de los herederos de la secretaria del amigo y albacea, deben ser entregados a la Biblioteca Nacional de Israel para que puedan ser consultados por los investigadores y el público en general.