Cuatro columnas de veintiún jóvenes cada una, más uno que va al frente, Lucas, se llama. Son ochenta y cinco en total, ochenta y cinco susurros que se estrellan contra las paredes desnudas del salón, el sonido de los pasos hacia atrás, la marcha es como un temblor. Es una enorme cantidad de gente ochenta y cinco. Es el número de víctimas del atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), por eso son tantos los jóvenes que se han reunido en Parque Patricios para un ensayo de la performance urbana Antimarcha, ideada por el artista MookieTenembaum para recordar que han pasado ya 21 años desde aquel 18 de julio y renovar el pedido de verdad y justicia.