En su infancia fue bautizado y pensó incluso en llegar a cardenal, pero tras cincuenta años de carrera Abe Foxman se ha convertido en uno de los judíos más influyentes del planeta. Foxman, que vivió de niño la Shoá en sus propias carnes junto a sus padres, trabajó medio siglo en la Liga Antidifamación (ADL), que presidió durante casi treinta.