«¿Cree usted que es casualidad que yo le haya llamado dos veces para que pronuncie grandes discursos en el Día del Partido? Me resulta difícil decírselo así, pero si alguien me pregunta por usted, le contestaré que es la mente más profunda del movimiento. Usted es el padre de la iglesia del Nacionalsocialismo». Con estas palabras se dirigía Adolf Hitler al que sería su ministro Alfred Rosenberg, principal teórico del antisemitismo y uno de los ideólogos de la «Solución final», la política racial que acabó con la vida millones de judíos.