El arqueólogo uruguayo Daniel Varga trabaja en Israel, encuentra tesoros patrimoniales e intenta que alguien los restaure y financie su mantenimiento. Pero allí, el organismo estatal que cuida las antigüedades prevé que se analicen las zonas geográficas en las que particulares o el Estado pretenden hacer obras de infraestructura. Jamás una obra empieza antes de que la zona sea monitoreada. Cada uno de los trabajos necesita la aprobación de esa entidad que sondea los terrenos y en caso de detectar indicios de algún elemento arqueológico de relevancia, detiene las obras y comienza a excavar.