El joven se acercó al grupo de agentes de policía, sacó un hacha y logró herir, levemente, a dos de ellos. Otros policías que se encontraban en la zona le dispararon de inmediato, en la cabeza. Murió en el acto. No sucedió en Jerusalén Oriental. Sucedió en octubre de 2014 en el este de New York, en el barrio de Queens. El terrorista tenía 32 años de edad, Zale Thompson, un estadounidense que se había convertido al Islam. Nadie pensó, ni por un momento, que los policías no habían hecho lo correcto. Nadie dijo que “se requiere que ambas partes actúen con moderación”. Pero eso es exactamente lo que los voceros de la administración estadounidense, encabezados por el Secretario de Estado, John Kerry, han estado diciendo durante la semana pasada.