“No me toqués, negra sucia”, fue lo que escuchó Luciana en pleno ómnibus. El insulto vino de una joven blanca y rubia que estaba sentada junto a la ventana y que quería bajarse. Minutos antes ya había manifestado resistencia a la compañía de esta mujer brasileña (instalada en el país hace 12 años) al arrinconarse contra la pared para no tener contacto físico. “Ella me humilló sin conocerme. Me hizo pasar una vergüenza que nunca voy a olvidar. Por mí y por todos los negros del mundo tenía que hacer algo”, dijo Luciana a El Observador.