Una fuerte explosión, atribuida por las autoridades sirias a un terrorista suicida, causó ayer en Damasco la muerte de más de una veintena de personas, y dejó a 63 heridos, dos semanas después de que la capital siria sufriera otro sangriento atentado. Según explicó el ministro del Interior, Mohamed Shaar, las autoridades confirmaron la muerte de 11 personas, pero el grado de destrucción fue tal que muchos cadáveres quedaron reducidos a pedazos, por lo que se calcula que pueda haber al menos 15 fallecidos más.