En la entrada de Borj El-Barajne monta guardia una pareja de policías libaneses. «Están aquí para impedir que entre ningún material de construcción, cemento o tierra», comenta en un susurro el activista palestino Gabi As-Shamal. Aquí, como en el resto de campos de refugiados dispersados a lo largo de todo el Líbano, los palestinos tienen prohibido construir. El Líbano teme que esas edificaciones precarias se acaben convirtiendo en definitivas, y trata de evitarlo.