Al momento de escribir este artículo, los combates en las calles de Trípoli se tornaban más intensos. Varias son las versiones, pero lo cierto es que el régimen de Mohamad Al-Khadafi, inevitablemente, está llegando a su fin tras 42 años en el poder. No cabe duda que tanto Khadafi en Libia, como Bashar Al-Asad en Siria, y otros dictadores del mundo árabe/musulmán, deberán dar explicaciones a sus pueblos, primero, y al mundo después, sobre crímenes cometidos y abusos de poder; pero deberán ser las organizaciones libres de estos pueblos quienes se pongan a la cabeza de los cambios políticos, y no sectores privilegiados de estas sociedades, al servicio de intereses foráneos; sino, inevitablemente, una dictadura suplantará a otra.