Una de las víctimas del atentado del viernes en el Hotel Radisson en Mali es el israelí Shmuel Ben-Hillel (60), residente de Tzur Hadassah, que realizaba labores de consultoría en temas de educación para el gobierno local.
Una de las víctimas del atentado del viernes en el Hotel Radisson en Mali es el israelí Shmuel Ben-Hillel (60), residente de Tzur Hadassah, que realizaba labores de consultoría en temas de educación para el gobierno local.
Lo que está pasando con el Estado Islámico (ISIS) no es una cuestión de un grupo religioso islamista. De ninguna manera, pensar eso sería estigmatizar a los musulmanes y no hay derecho a hacer esto por un grupo de delirantes. Es injusto y además mentira. El ISIS es un grupo cuya ideología única es la muerte y el exterminio a sus diferentes escudado atrás de una supuesta convicción religiosa usada para justificar su vocación asesina. Son nazis de otro tiempo, al final lo mismo.
Hasta el año 2000, el terrorismo se veía en Europa como una emergencia exclusivamente nacional. En concreto, España se enfrentaba al terrorismo de ETA, mientras que el Reino Unido tenía la problemática de la violencia en Irlanda del Norte. El terrorismo islámico, seguido de cerca por los Estados Unidos, en Europa no se consideraba un asunto de importancia comunitaria. Las iniciativas de la Unión Europea se limitaban a supervisar la situación nacional de los Estados miembros. Pero el ataque a los EE.UU. en septiembre de 2001 puso de manifiesto que el terrorismo islámico era una amenaza de importancia primaria para todo el mundo occidental, incluida Europa, como más tarde demostraron los trágicos atentados de Madrid (2004) y Londres (2005).
Todavía sangrante la carnicería que consumó un grupo de yihadistas en París, las redes sociales empezaron a hacer circular fotografías de un atentado del mismo grupo terrorista, el día anterior, en Beirut. El argumento más manejado era: “¿Por qué los medios de comunicación occidentales le dan tanta cobertura a un ataque y menos al otro?”. La razón es sencilla y es periodística. No se trata de empatía, simpatía o imperialismo. Se trata de periodismo, del concepto mismo de qué es noticia.