Los kamikazes están convencidos de que irán al paraíso después de cometer un atentado, una convicción que los motiva pero no se sustenta en ningún texto, según los expertos. El martes por la noche, en el aeropuerto de Estambul, un testigo, Oftah Mohamed Abdulá, vio al atacante: “Tenía una bufanda rosa, una chaqueta corta y un fusil escondido. Salió y empezó a disparar a la gente. Andaba como un profeta”.