En la mayoría de los actos contra la guerra que se realizan casi a diario, es habitual concentrarse en las estrategias militares, los intereses de los “bandos”, el control geopolítico y la envergadura de los negocios que se derivarán de la “reconstrucción” de los países destrozados. Ahora se añade el drama de las “personas refugiadas”, a menudo convertidas en “terroristas” por políticos y medios de comunicación. Pero hay caras, efectos y consecuencias que son silenciadas, cuya crueldad es estremecedora. Uno de estos fenómenos es la violencia que sufren las mujeres en semejantes escenarios. Un titular: “Las mujeres en Alepo se suicidan para evitar ser violadas”.
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