El Estado Islámico (EI) mantiene como rehenes a cientos de miembros de la minoría yazidí en Irak, los cuales ha forzado a convertirse al islam y a las mujeres a casarse con los jihadistas, denunció Human Rights Watch (HRW).
El Estado Islámico (EI) mantiene como rehenes a cientos de miembros de la minoría yazidí en Irak, los cuales ha forzado a convertirse al islam y a las mujeres a casarse con los jihadistas, denunció Human Rights Watch (HRW).
Con la irrupción del Estado Islámico en tierras de Siria e Irak, el mundo ha asistido incrédulo a una violencia y crueldad inusitadas, observando en vivo y en directo las espeluznantes escenas de decapitaciones, violaciones de infieles al islam, lapidaciones de adúlteras, crucifixión de cristianos, terrorismo suicida, etcétera. Es difícil desentrañar el motivo por el cual las atrocidades cometidas por el califato despiertan menos sensibilidad y preocupación en la gente, los políticos e importantes medios de comunicación, que la última guerra de Gaza.
Lo primero que amerita decir ahora, es «Bienvenidos». Son ustedes afortunados. Aún antes de saber cómo se sentirán en lo personal en Uruguay, cómo cada uno se arreglará en su trabajo y en la vivienda que los aloje-primero en los Hermanos Maristas y luego seguramente en algo menos «institucional»- ya podemos asegurar que son muy afortunados.
No sucede en todos los partidos ni se contagia a todos los espectadores, pero hay un pequeño segmento de la juventud árabe que con sus gritos y banderas negras tiende a trivializar el terror. A veces hasta los jugadores contribuyen a ello.